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8 de abril de 2015

Espera

Cruzó el insomnio la frontera entre el olvido y el recuerdo.
Despertó el fantasma de la tormenta y la calma.
Invadió el guerrero el territorio de la razón y la tranquilidad.
Claudicó el tiempo, justo cuando se creía ajeno.

Desfiló ante él.
Dulcificó el aire.
Ahogó la tortura.
Cambió el todo.

Creyó encontrarse más allá, intentó estar más allá.
Padeció la dura enfermedad, curó sus síntomas.

Tomó la esperanza.
Embriagó la espera.
Siguió su camino.
Desterró sus sentimientos.

Así es la espera por su regreso, amarga.
Así es la espera por su regreso, reconfortante.
Así es la espera por su regreso, inquietante.
Así es la espera por su regreso, dubitativa.

Una sola palabra cambio su mundo.
Una sola mirada lo regresó a la tragedia.

Ella es el todo y la nada.
Él espera encontrar sus labios una vez más.
Ella es la vida y la muerte.
Él espera que la ilusión torne tintes de realidad.

Ella es deseo.
Él quisiera olvidarla.
Ella es tentación.
Él quisiera tenerla.

Llegó la desesperación. Regresó la angustia.
Llegó su sonrisa. Regresó la confusión.

Lord Bastian 

3 de abril de 2015

A través de la mirada

"No temas al futuro, no llores el pasado"
Percy Bysshe Shelley

Día a día Azdhur miraba por la ventana la plaza llena de palomas todas blancas y gordas, la fuente agrietada, el ayuntamiento decorado con los colores de la patria, al mimo del mediodía, pero sin duda amaba la puesta de sol, era entonces cuando ella llegaba en su bicicleta y entraba a su casa, justo en el edificio de enfrente. Siempre vestía vestidos, todos ellos pintados de colores pastel. Una ligera gota de sudor corría de su frente a su cuello, para después perderse en el escote, sonreía siempre a su hermano menor que la esperaba ansioso. Su cabello castaño se mecía lentamente al son de un vals de Strauss que tocaba la banda a la misma hora todos los días. 

Tenía miedo de acercarse a ella, de demostrarle lo mucho que la amaba. Llegó la primavera y el bochornoso calor provocaba el sudor a chorros, un día su padre llegó con un papalote rojo, le dijo que lo probará que era un regalo para él y su hermana pequeña. El viento alzó el cometa muchos metros y así las horas pasaron, la banda se sentó en los arcos del ayuntamiento y comenzó a tocar, el sol comenzaba a descender en el poniente, entonces la bicicleta rosada apareció en la calle oriente. Nunca había estado tan cerca de ella, por un momento los nervios lo invadieron y si no fuera por su hermana hubiera dejado libre su nuevo juguete. 

Entonces un ataque de valor surgió en sus pies que corrieron a su encuentro, su torpeza estuvo a punto de chocar contra ella, los frenos hicieron su trabajo y ahora correspondía al rostro pintado de rojo encontrar algo que decir, sin más pensarlo soltó la primer línea: 

- Perdona… ¿Estas bien? – Entonces ella comenzó a reírse de una manera hermosa, para él aquella era la risa más bella, acompañada de la sonrisa… más hermosa, indescriptible diría él. 

- Sí, no te preocupes… estaba yo distraída – Su voz era aún más hermosa, y hasta ese momento sintió en su cuello las gotas de sudor que la acalorada tarde había provocado. El vestido azul pastel de ella mostraba síntomas de haber sido expuesto al calor. Hasta ese momento los dos repararon en la bolsa que había caído al suelo, contenía manzanas rojas. 

- Toma, se te ha caído. 

- Muchas gracias – Y entonces parecía que todo acabaría ahí. El turno de la valentía de su voz vendría a continuación. 

- Disculpa, ¿cómo te llamas?

- Astrid, ¿y tú?

- Azdhur, me gusta tu nombre. 

- Gracias, tengo que irme, me esperan a cenar. Hasta pronto. 

Sin más el encuentro había terminado, también él tenía que cenar, llamó a su hermana e ingresaron a su casa, ahí los esperaba un asado, uno de sus platillos favoritos, sería por ahora el mejor día, vendría uno mejor. Durante la noche el techo de su cuarto fue el lienzo de mil imágenes que proyectaban la hermosura de Astrid, ahora el nombre golpeaba su mente a cada segundo, no podía esperar para volver a verla. 

Las clases de arte siempre habían significado una pérdida de tiempo, prefería él estudiar la historia de las culturas o perderse en los libros de Geografía, conocía a la perfección historias como la de Atila o Moctezuma, conocía los distintos ecosistemas de América Central y reconocía la belleza de las estepas asiáticas, su profesor de arte era un hombre bigotón, delgado y anciano, sin embargo su amor por el arte era una enfermedad contagiosa. Ahora era su turno de contraer aquella extraña enfermedad, y fuese el virus de una musa el que lo llevaría a escuchar la letra y no el ritmo de las canciones, el mensaje y no la rima de los poemas, ella ahora era omnipresente en su mente, en su vida. 

Pasaron los días, y la feria llegó. Recorría los puestos buscando los bocadillos gitanos, sin darse cuenta había llegado a la casa de los espejos, estaba completamente vacía, decidió entrar y ahí solo él y su reflejo comenzaron a buscar la salida. De pronto el timbre angelical despertó todos sus sentidos, y en un espejo oculto tras el reflejo de otros dos apareció un vestido color pistache. 

- Sabes… Supuse que tratarías de matarme otra vez. 

Perplejo y sin saber que responder Azdhur comenzó a dar vueltas en círculos, buscándola, fracasó el sentido de la vista. 

- Sería condenado entonces…

- ¿Bajo qué cargo? – Y una risa nerviosa escapó de ambos. 

- Asesinato de un ángel – Dijo él seguro, entonces sintió como algo rozaba su mano, después la cogería y le susurraría:

- Vamos, será mejor que platiquemos solos, honestamente no me gusta tener tantas miradas sobre mí. 

Fue algo inesperado, la noche había caído y ambos habrían de darse cuenta cuando la luna postro su mirada sobre ellos, platicaron sobre la muerte y lo hermosa que es su espera, la banda tocaba una sinfonía dedicada a la medianoche y finalizaban su acto con Júpiter, esa noche las estrellas acompañarían su regreso a casa. Parecía ahora que ya se conocían de toda la vida. Sentado bajó la luz de la luna que entraba por la ventana escribía una epístola en forma de poema, un poema que su musa había inspirado y ahora era necesario que leyera. 

El sol golpeaba su rostro, las tareas eran ahora un mar que de no ser navegado en tiempo lo dejarían naufrago, decidió regresar temprano a su casa, tomó el camino corto, un atajo que odiaba tomar. Algo golpeó su rostro obligándolo a detenerse en el cruce de caminos, allí aparecería Astrid caminando. Mientras revisaba su brazo observando el rasguño que había dejado el objeto, sintió la presencia de alguien más, levanto la mirada y aunque cegado por el sol alcanzó a ver sus ojos.

- No sabía que tomabas este camino –En realidad si lo sabía, pero fue hasta ese momento que se dio cuenta de todos los encuentros que pudieron haber pasado. 

- Yo creo que sí sabías –Era su seguridad al hablar una razón más para enamorarse, y así es como de pronto él comenzaba a explicar cada simple evento con la palabra amor, para él esa palabra significaba ella y ella significaba todo en su vida. 

Caminaron juntos a casa, sería el comienzo de una rutina que ninguno aborrecería. La caminata le costó el mismo tiempo que de haber tomado el camino original, cambiar los paisajes de la ribera por sus ojos, el cantar de las aves por la sinfonía de su voz, y el sueño por su realidad valían la pena. Una mirada incomoda y unos labios conformándose con las mejillas se despidieron aquella tarde. Al llegar a su casa su madre se encontraba llorando, temeroso de que algo malo hubiera pasado, decidió guardar silencio hasta la comida, inesperadamente su abuela llegó para comer.

- ¡¿Por qué?! Dime mamá, ¿qué haremos? El reclutamiento será desde los quince –Volteó la mirada a él, y una lagrima escapó de su ojo derecho-. Malditos sean. 

- Tranquila hija, falta un año para que el cumpla los quince, y tu marido servirá en el servicio médico. Además confiemos en que todo esto se mantendrá en la frontera, no creo que lleguen aquí. –La voz de la abuela era tranquilizadora para su madre, pero él no entendía nada de lo que ocurría. 

Al terminar la comida, Azdhur pidió permiso para salir, su madre se lo otorgó, él no terminaba de entender por qué de pronto un viento helado atravesó su mundo, era el presagio del futuro acechando. Afuera en la plaza Astrid se encontraba sentada al pie de la fuente, pero no emitía luz. Ninguno logró descifrar los motivos de la guerra, la política nunca se encuentra satisfecha mientras exista la paz, siempre ha de haber algún asunto que incomode a alguien. Los días que siguieron fueron oscuros, en la escuela se impuso un nuevo calendario que albergaba clases de lunes a miércoles; el alcalde ordenó el toque de queda a las siete, la banda tocaría la marcha de Radetzky cuyo propósito era mantener el optimismo y anunciar los últimos minutos de libertad. En la primer mañana de agosto el reclutamiento había finalizado, el hombre en la radio comenzó a dedicar una hora diaria a relatar los pormenores de lo que ocurría en la frontera este y el norte. 

- Pronto será tu turno, no te quiero perder. –Astrid sostuvo en sus brazos a Azdhur mientras le besaba la frente, bien se podría decir que a su amor no lo detuvo la guerra, pero no fue así, su plan se vio frustrado dos semanas ya que la confusión corrompió su espíritu. Un miércoles, su profesor de arte ahora cómplice, le entregó un ramo de aves del paraíso, y en el cruce de caminos una mirada prolongada concluyó en un beso y en el inicio de la narración compartida de su historia. 

- Ya verás que no, ¿cuánto puede durar una guerra? 

Postró sus ojos en los de ella, y durante una eternidad contemplaron la desnudez de su alma, entrelazaron sus dedos y caminaron hasta los jardines del palacio de gobierno, se recostaron y esperaron el final de cada estación, el final de cada mes. Ahora Venus se asomaba en la tarde, y por primera vez su cumpleaños no era motivo de festejo. La atmosfera denotaba aires de tristeza, su madre preparó asado, Astrid llevo manzanas rojas bañadas en caramelo para el postre, y durante la comida fue la abuela la responsable de distraerlos. 

Los mimos de la plaza dieron su último acto antes de ser reclutados, las palomas adelgazadas contemplaban el paisaje desde la tienda militar. El sargento recibía a los reclutas, y con una sonrisa les entregaba su nuevo uniforme, su rifle y una mochila llena de objetos desconocidos, al final les entregaba en mano un citatorio para el viernes. 

- ¿Puedes prometerme algo?

- Sí… –Tembloroso terminó la oración.- lo que sea. 

- Regresa

Un beso fue la respuesta. Los reclutas en su mayoría compañeros de clases, ocuparon sus lugares en el camión, el sargento gritó la orden y el rugido del motor ahogo los llantos. Un cuadernillo pequeño, regalo del ejército, fungió como diario, era de cincuenta hojas. Muchos reclutas sintieron innecesario el uso de un diario, pues el final coincidiría en muchos de ellos, Azdhur necesitaría más de veinte cuadernillos, sin embargo abrazaba la idea de que el final lo escribiría él y que sería distinto al de la mayoría. 

Astrid fijó su mirada en el horizonte, la madre de Azdhur colocaría sus manos en los hombros de la niña, la banda comenzó a tocar Chopin. La espera de los reclutas terminó, la de madres, hijos, amantes, perros y amigos comenzó.


Lord Bastian Marek

8 de febrero de 2015

Sun

Rainy days may be horrible, although they taught me something. The sun never goes away.

You are the sun of my life, even if you don’t appear for several days I know you are up there keeping me alive. And someday you will show up.

I just want to know: are you going to stay the night?

I cannot bear looking directly in your precious eyes, but someday I will be far enough to look at you and the other stars I just left behind.

People is always comparing their beloved ones with stars, I may compare you with the sun and yes I know it is another star.

You are the star that bring light to my sight, warm to my skin, energy to my heart. You are the one I mustn’t see, I mustn’t admire and the one I must forget.

Alongside with the night my eager eyes looked for you but alone in the dazed darkness I couldn’t find you, so I went out there looking for another star.

Pardon me, the row of desperation it’s moving pretty fast and I cannot keep myself living in this misery. I know, I hope, someday I would be able stay close to you without get any harm.

And it’s not you the one that hurt me… It’s the memory of you and the happiness once you brought to my life, moments I’m sure I will never have again.

Just remember, I might be very far from you and it might seem I do not love you anymore but… if one day you want me back, you know what to do my precious sun.

Lord Bastian

19 de enero de 2015

Bajo el olmo

Te veías hermosa esa noche, radiante y llena de vida, tu sonrisa era mi obelisco, mi talismán y esa noche era mi amuleto de la buena suerte. Juró por todos los dioses que si algún día encuentro mayor perfección que la tuya la destruiré en ese momento, pues no permitiré que una estrella opaque la luz de mi sol. Es confusa la realidad que ahora vivimos, si es que a esto se le puede llamar vida. Las horas habían pasado rápidamente, no alcanzaba a detener los minutos y cada segundo se volvía eterno con el roce de tus labios. Sabes que siempre fuiste el amor de mi vida, la razón de mi existir y la promesa de un presente mejor, siempre quise lo mejor para ti y tú eres lo mejor del yo que se esconde tras el recuerdo. Volteé a ver las estrellas, su belleza infinita era solo comparable con la tuya y la inspiración que brindaban a mil y un poetas era ninguna, de haberte conocido quizá el mundo habría olvidado las guerras y los avances científicos, como alguna vez lo hice yo. Ahora me encuentro perdido en un campo gris y vacío, te he buscado ya por todas partes sin embargo no hallo el lugar al que perteneces. Tus dedos se entrelazaban con los míos y me hacían más y más fuerte, tu mirada era mi mayor miedo y aun así, mi mayor inspiración. Te contaba sobre Neptuno y su hallazgo, tú recostada sobre el pasto me contabas sobre el olmo que guardaba nuestras almas. Besaste mi alma, robaste mi corazón y lo guardaste en tu caja fuerte, te llevaste la luz para recordarme que existía la oscuridad. Contaba hasta diez y en el regreso, tú me regalabas un beso. Sentí el metal en mi mano y comprendí que sería la única forma… Guardabas bajo tu piel el alma de un ángel, y bajo la mía se encontraba su demonio, tenía que liberarlos. Sonreíste, era el momento. Me incliné a besar tus labios, la luna me miraba incrédula, las estrellas me agradecían y tus ojos murmuraban la explicación de la perfección. Eras la redención del pecador y el pecado del redentor. Ahora brillas como yo nunca pude, mientras tus corneas buscan la luz tus pupilas ven el universo. Escondí tu transporte bella alma, ahora eres libre, pronto te alcanzaré. Sentí el agua y la sal correr por mis manos rojas y te amé, sabía que regresabas a tu hogar, el cielo; yo miraba tu belleza desde el olmo que ahora guarda mi cuerpo, recosté tu cabeza en su tronco para que pudieras verte allá arriba. Eres la esperanza de mi mundo, eres el mundo que hábito, eres la vida que fluye entre los ríos color esmeralda, eres el brillo de dos luceros que contemplan una estrella; eras un prisionera y tu amor el prisionero, ¡te libero amor mío!, fue rápido, alcancé a decirte que te amaba mientras las revoluciones de tu motor se frenaban, ya no sufrirás en este mundo, ahora perteneces a las estrellas. Siempre serás la musa de aquel cuerpo que cuelga de un olmo, ya estoy aquí mi amor. Perfecto ser, creación de mi sueño, he despertado y sediento de amor te he cegado de las crueldades que este demonio hará, ahora ángel vuela por los cielos y corre por los campos, siente la arena y escucha la marea, observa el mundo y escucha su música. Ésta será tú canción, los marineros la cantarán en el alta mar, los viajeros frente a una fogata un coro harán, ahora inspiras al mundo, tu sangre yace en su tierra y tu alma flota en el cielo. Amor, lo hice por los dos, nadie tratará de robarte, ahora yo no sufriré, el cuerpo que sujeta el olmo te implora que regreses y perdones su única ofensa. Destruí la perfección de tu cuerpo para contemplar la belleza de tu alma. Vida, esto no es vida, observo pasar los años desde unos ojos que descansan a los pies de un olmo, espero regreses. Ambos existimos, heme aquí; ambos nos amamos, veme aquí; ambos perdimos nuestros cuerpos, ven aquí; ambos somos dos fantasmas, escúchame aquí; ambos estamos muertos, y fue aquí bajo el olmo. 

Lord Bastian


6 de enero de 2015

Un seguidor conocido

Era tan frustrante saber que ella ni siquiera muestra interés en mí, cuando pasa a mi lado es como si no estuviera ahí, algunas veces cuando estamos solos ella pierde su mirada en el horizonte. Ayer me la encontré en el parque, ella estaba sentada en el pasto bajo un olmo decidí por sentarme a su lado, pero mientras pensaba en algo que decir ella susurro algo, tembló y se levantó apurada, en sus ojos percibí miedo, la trate de seguir, pero tomo un taxi al llegar a la calle y me fue imposible seguirle el paso.
Hoy me preparó pues no soporto más este sentimiento enjaulado, ella es la indicada lo sé, su belleza me enmudece, siento que la conozco, algo me dice que compartiríamos algo más profundo que un simple romance pues ella es mi definición cuando me pregunto qué es el amor. La esperé en la banca donde… siento que ahí es el lugar indicado, siento que ahí podría ser el inicio de algo. Llevo ya un largo rato esperando y sigo sin ver pista de ella, comienzo a creer que hoy no es el día, creo que ese presentimiento mío no era nada al final.
Vago por las calles y de pronto me la encuentro, trató de hablarle pero no sé cómo iniciar una conversación, ¿sería raro si comienzo por decirle que llevo siguiéndola ya un año? Así que optó por seguirla, entra a su casa y yo detrás de ella. Se sienta en el sofá y mira una foto, no alcanzó a verla, tengo miedo que si descubre que estoy en su casa, detrás de ella, me saque del lugar a golpes y pierda mi oportunidad de verla otra vez. Sigo mi camino.
Ella está sentada en esa banca, se ve hermosa. Al acercarme veo que en su rostro no hay felicidad lo que veo son lagrimas que recorren sus mejillas; se siente su desesperación, quiero ayudarle sin embargo otra vez no tengo la menor idea de cómo acercarme y tengo miedo de equivocarme e interrumpir algo, entonces una ráfaga de valentía me invadió y con gran coraje me dirijo a ella, me siento a su lado, y miro fijamente sus ojos, ella está destrozada, me quedó paralizado. Con sus manos cubre su rostro y a momentos trata de arrancarse el cabello, llora y maldice.
- ¿¡Dime Dios qué carajo hice yo para merecer esto!?
Su voz… me hace estremecer. El tiempo se pierde y yo con él, y una vez más no hice nada. De nueva cuenta la sigo por las calles, llegamos entonces a una calle bastante oscura, era ya de noche. Veo que se sienta a la mitad con la luz de la luna iluminando su rostro ella mira al piso y sonríe, a pesar de que el lugar es escalofriante, ella se pierde en un pensamiento, en una memoria supongo. Mientras la observo escondido detrás de un arbusto, un hombre se aproxima a ella, alcanzó a ver una navaja en su mano, sabía que tenía que protegerla, así que me lance y lancé su navaja, me miró asustado mas sus ojos parecían mirar el vació, se alejó corriendo. Ella se asusta y caminando reanuda el viaje a casa.
Vuelvo a entrar detrás de ella, conozco su nombre, aún no sé porque; lo gritó y ella muerta de miedo y corre a su habitación, prosigo a seguirla desesperado, comienzo a sentir algo corriendo por mi cara, veo mi mano y me asusto es sangre. Me detengo en el espejo, la cabeza comienza a dolerme. Mientras me miro comienzan a aparecer moretones, por alguna razón mi ropa comienza a romperse, un agujero comienza a formarse en mi frente, otro más en mi pecho y un tercero en mi pierna, rasguños de navajas comienzan a aparecer, asustado escapo a su habitación, gritó su nombre, ella deja una foto en la cama y se acerca al ventanal que da a la calle, las hojas de una jacaranda entran en la habitación, la noche es tranquila. Me acercó a la foto…
Regresé, trataban de hacerle daño, se me ocurrió que presentar pelea no sería una mala idea, solo eran dos. Le dije que corriera ella me hizo caso y corrió a la avenida pidiendo ayuda a la policía, uno de ellos saco una navaja, la pelea comenzó… Todo paso muy rápido, ella ahora estaba a mi lado, todo era blanco, lloraba.
- Ya voy…
… ella se para en el balcón, yo miró la foto y me veo en ella, ella está a mi lado, nos encontramos sentados en esa banca, hace un año que nos besamos por vez primera, recuerdo todo. Me detengo y me paro justo detrás de ella.
- No tienes que hacerlo, yo esperaré, lo prometimos, mira estoy a tu lado.
- …no puedo más.
Ella titubea un instante, y después de pensarlo deja a un lado los pensamientos y se deja caer.


- ¿Estuviste todo el tiempo ahí?


Estaba a mi lado, era hermosa, la miré un largo rato y entonces respondí:


- Hice una promesa, ¿no?, casi te mata un borracho hoy…


- ¿Eras tú?


- Siempre te cuidé.


- Vámonos de aquí.




- Sí, nos espera el infinito.






Lord Bastian